Astrónomos descubren un misterioso objeto cósmico que podría representar una nueva clase de fenómeno espacial

VoS NEWS DESK | SCIENCE | 2 September 2026

El objeto fue observado en una época extremadamente temprana de la historia cósmica, aproximadamente 660 millones de años después del Big Bang. Debido a la enorme distancia que separa este objeto de la Tierra, los astrónomos están observando una etapa del universo que ocurrió hace más de 13.000 millones de años. Su aspecto aparece como un pequeño punto rojo en las imágenes del James Webb, pero detrás de esa apariencia aparentemente sencilla se encuentra una estructura que podría cambiar la comprensión científica de los primeros agujeros negros.

Los investigadores creen que MoM-BH*-1 podría contener un agujero negro central rodeado por una densa nube de gas. Esta envoltura gaseosa sería tan extensa que alcanzaría aproximadamente el tamaño del Sistema Solar. La materia situada alrededor del agujero negro se calentaría intensamente y produciría la enorme luminosidad observada por Webb, haciendo que el conjunto pareciera una estrella gigantesca desde una distancia de miles de millones de años luz.

Lo que hace especialmente extraordinario al objeto es su enorme producción energética. Los investigadores estiman que puede emitir alrededor de 100.000 millones de veces más energía que una estrella conocida, una característica difícil de explicar mediante los modelos tradicionales de formación estelar. En cambio, la presencia de un agujero negro alimentándose rápidamente de materia podría explicar mejor la intensa radiación detectada.

Los científicos han utilizado el término “black hole star”, o “estrella de agujero negro”, para describir esta posible nueva clase de objeto. No se trataría de una estrella convencional con un agujero negro cercano, sino de una estructura en la que un agujero negro se encuentra profundamente envuelto por gas. Desde el exterior, la envoltura puede producir una apariencia semejante a la de una estrella, mientras que el motor energético situado en su centro sería un agujero negro en rápido crecimiento.

El descubrimiento podría estar relacionado con uno de los mayores misterios surgidos de las observaciones del James Webb: los llamados “little red dots”, pequeños objetos rojizos encontrados en grandes cantidades en imágenes del universo temprano. Durante los últimos años, los astrónomos han debatido qué son exactamente estos objetos y cómo pudieron producir tanta luz cuando el universo todavía era relativamente joven.

La hipótesis de las “estrellas de agujero negro” ofrece una posible explicación. Si estos objetos representan agujeros negros jóvenes envueltos en gas denso, podrían explicar por qué algunos de los “little red dots” presentan propiedades que no encajan perfectamente con las galaxias o los cuásares convencionales. Los investigadores creen que MoM-BH*-1 podría ser uno de los primeros ejemplos que permiten estudiar directamente este fenómeno.

La investigación también tiene importantes consecuencias para el problema de los agujeros negros supermasivos. Los astrónomos han encontrado agujeros negros con masas enormes en el universo temprano, pero su existencia tan poco tiempo después del Big Bang plantea una pregunta fundamental: ¿cómo pudieron crecer tan rápidamente?

Una posibilidad es que objetos como las “estrellas de agujero negro” hayan funcionado como una etapa intermedia. Un agujero negro rodeado por grandes cantidades de gas podría acumular materia con rapidez y, con el tiempo, convertirse en un agujero negro mucho más masivo situado en el centro de una galaxia. Esto podría ayudar a explicar cómo aparecieron algunos de los gigantescos agujeros negros observados en épocas posteriores del universo.

El papel del James Webb Space Telescope ha sido fundamental en este descubrimiento. Su capacidad para observar luz infrarroja permite estudiar objetos extremadamente distantes cuya luz ha sido desplazada hacia longitudes de onda más largas debido a la expansión del universo. Esto convierte al Webb en una herramienta especialmente importante para investigar las primeras galaxias, estrellas y agujeros negros.

La investigación también demuestra cómo el telescopio está obligando a los científicos a revisar algunas de sus ideas sobre el universo primitivo. Los primeros datos del Webb ya habían revelado galaxias aparentemente demasiado grandes y agujeros negros demasiado desarrollados para las expectativas de algunos modelos tradicionales. Ahora, la posible existencia de una nueva clase de objeto añade otra pieza al complejo rompecabezas de la evolución cósmica.

Sin embargo, los científicos mantienen cierta cautela. Aunque la evidencia es considerada muy importante, todavía es necesario estudiar más objetos similares para determinar si realmente existe una población completa de “estrellas de agujero negro”. Las futuras observaciones del James Webb y de otros observatorios podrían revelar si MoM-BH*-1 es un caso excepcional o el primer representante conocido de una clase mucho más amplia.

La respuesta podría tener consecuencias importantes para nuestra comprensión de la formación de las galaxias. Si estos objetos fueron comunes durante los primeros cientos de millones de años del universo, podrían haber desempeñado un papel importante en la formación de los primeros agujeros negros supermasivos y en la evolución de las estructuras galácticas.

El descubrimiento también demuestra la importancia de estudiar los objetos que inicialmente parecen pequeños o poco significativos. Los “little red dots” pueden aparecer como simples puntos en las imágenes profundas del universo, pero su verdadera naturaleza podría revelar procesos físicos extremadamente violentos y antiguos.

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El posible descubrimiento de una “estrella de agujero negro” representa una de las pistas más interesantes sobre el universo primitivo. MoM-BH*-1 no encaja fácilmente en las categorías tradicionales de estrella, galaxia o cuásar, y precisamente esa dificultad podría convertirlo en una pieza fundamental para comprender cómo evolucionó el cosmos.

La importancia del hallazgo va más allá de descubrir un objeto extraño. Si futuras observaciones confirman que estructuras similares existieron en grandes cantidades, podrían ofrecer una explicación para la aparición sorprendentemente temprana de agujeros negros supermasivos y para los misteriosos puntos rojos descubiertos por el Webb.

Por ahora, los astrónomos necesitan encontrar y estudiar más ejemplos antes de determinar definitivamente qué son estos objetos y cómo se forman. Pero el descubrimiento ya plantea una posibilidad fascinante: en los primeros cientos de millones de años del universo pudieron existir estructuras cósmicas que no se parecen a nada que podamos observar fácilmente en el universo actual.

El James Webb continúa convirtiendo estas antiguas señales de luz en nuevas preguntas científicas. Y en este caso, una pequeña mancha roja situada a miles de millones de años luz podría estar ofreciendo una nueva ventana hacia el nacimiento de los primeros agujeros negros y las primeras grandes estructuras del universo.

Source: MIT / NASA James Webb Space Telescope / Nature / The Guardian / VoS News Desk

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