Columna
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"La psique del ejército israelí: una trayectoria de guardianes a guerreros (1)"
PARTE I
Este análisis estructural rastrea la evolución del aparato militar israelí desde los centinelas agrarios y localizados del siglo XX hasta un ejército estatal centralizado y altamente institucionalizado. Mediante la aplicación de marcos psicológicos, criminológicos y críticos, este estudio evalúa cómo una cultura institucional, formada por narrativas fundacionales de mentalidad de asedio y victimismo histórico, se transforma en un aparato que los organismos jurídicos internacionales contemporáneos, las revistas médicas y los teóricos críticos caracterizan a través de los mecanismos de desconexión moral, deshumanización y violencia sistemática y asimétrica.
1.El génesis del centinela y la fundación de la mentalidad de asedio
El marco fundacional previo a la creación del Estado respecto a la defensa judía en la Palestina otomana y del Mandato estableció el diseño psicológico para la subsiguiente violencia institucionalizada. La formación de Hashomer ("El Guardián") en 1909 y la posterior consolidación de la Haganá marcaron un rechazo consciente de la vulnerabilidad de la diáspora en favor de una autorreliance militante. Este paradigma temprano estaba estructuralmente ligado al perímetro físico del asentamiento agrícola, estableciendo un vínculo ideológico entre el cultivo de la tierra y la defensa armada.
Desde una perspectiva psicológica, este periodo dio origen a una mentalidad de asedio fundacional. El pionero-centinela percibía el entorno externo como permanentemente hostil, enmarcando la supervivencia en torno a la autorreliance absoluta y la necesidad de una fuerza inmediata y localizada. El análisis criminológico de esta fase revela cómo los enfrentamientos localizados con las poblaciones nativas por el control de la tierra y los recursos se internalizaron no como conflictos políticos o coloniales, sino como amenazas existenciales. Esta insularidad defensiva codificó una narrativa institucional temprana: la supervivencia requería la vigilancia preventiva del perímetro y el cultivo de una identidad marcial inquebrantable, sentando las bases psicológicas para la exclusión total de la población nativa de la zona de obligación moral.
2. El crisol de la institucionalización y el monopolio de la fuerza sancionado por el Estado
La transición de milicias clandestinas descentralizadas e ideológicamente motivadas (Haganá, Irgún, Lehi) a un aparato estatal único y centralizado en 1948 representa la formalización de la psique militar bajo la autoridad del Estado. Bajo la doctrina de Mamlachtiyot (estatismo) defendida por David Ben-Gurión, el Estado absorbió la violencia faccional y partisana dentro de un marco profesional y burocrático: las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
Esta institucionalización alteró radicalmente la escala y la naturaleza de la psique militar. El fervor voluntario e ideológico de la guerrilla clandestina se sintetizó con el poder clínico, legalista y logístico de un Estado soberano. El horizonte estratégico se expandió desde la defensa de valles localizados hasta la imposición de fronteras estatales y la ejecución de desplazamientos masivos. Al centralizar el monopolio de la violencia, la institución desvinculó las acciones individuales de la responsabilidad moral personal, incrustando la agresión dentro de los protocolos burocráticos. El legado psicológico de la era clandestina —caracterizado por una estructura de mando informal que priorizaba la flexibilidad táctica y la iniciativa individual por encima de las rígidas normas jurídicas internacionales— permaneció incrustado dentro de la cultura institucional, creando un aparato autorizado para ejecutar las directivas estatales con total autonomía operativa y una mínima restricción externa.
3. El "Ejército del Pueblo" y la internalización del trauma colectivo
Para compensar las severas limitaciones demográficas, el Estado institucionalizó el modelo del "Ejército del Pueblo", imponiendo el reclutamiento casi universal para su ciudadanía judía. Esta integración estructural disolvió efectivamente la frontera entre la sociedad civil y el estamento militar. El ejército se convirtió en el principal vehículo de socialización nacional, incrustando los objetivos militares en la conciencia civil colectiva.
[Victimización histórica y trauma intergeneracional]
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[Modelo de reclutamiento universal]
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[Internalización de la identidad del centinela: el ciudadano como soldado]
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[Normalización de la violencia estatal sistemática / Desconexión moral]
Este modelo depende en gran medida de la movilización de la victimización histórica y el trauma intergeneracional. Al reforzar continuamente el recuerdo de la vulnerabilidad existencial, la institución construye un poderoso escudo psicológico que racionaliza las medidas extremas como necesidades defensivas. En este marco, el ciudadano-soldado internaliza un estado de emergencia permanente. El análisis crítico demuestra que esta fusión del trauma colectivo con el poder estatal facilita una inversión psicológica: el aparato estatal fuertemente armado continúa percibiéndose y presentándose a sí mismo como la víctima histórica, incluso mientras opera como una potencia ocupante. Esta internalización normaliza la violencia sistemática, enmarcando la expansión estatal agresiva y la dominación territorial como una vigilancia defensiva.
(continua................)
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