Esta contundente acción militar por parte de Teherán se produce como una represalia inmediata a la campaña de bombardeos de precisión ejecutada apenas unas horas antes por cazas de combate del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM). Dicha operación aérea estadounidense destruyó por completo diez posiciones militares iraníes estratégicas, incluyendo centros de mando, redes de radares de vigilancia costera y almacenes de drones automatizados a lo largo del estrecho de Ormuz. Washington justificó su ataque como un acto de legítima defensa tras el asalto sufrido el sábado por un petrolero internacional con bandera de Panamá en esas mismas aguas.
El Ministerio de Defensa de Kuwait ha emitido un comunicado oficial confirmando que sus baterías de defensa antiaérea se activaron con éxito para interceptar múltiples proyectiles enemigos, elevando el nivel de alerta militar al máximo en todo su territorio nacional. Por su parte, el Pentágono evalúa los daños materiales y las posibles bajas en sus filas, mientras analistas internacionales advierten de que este intercambio directo de fuego rompe definitivamente el frágil alto el fuego que la diplomacia internacional intentaba consolidar en la región, arrastrando a las potencias a un escenario de guerra abierta.
